Rocío Pimentel: cuando la ilusión no entiende de límites

La historia de Rocío Pimentel y Fundación AENILCE comenzó hace cuarenta años, cuando apenas era un bebé. Sus padres ya sabían que el futuro de Rocío y su hermana iba a ser diferente, pero buscaban respuestas y apoyo específico para su diagnóstico: lesión cerebral. Acudieron a José Luis Rivas y María Jesús Cortés, fisioterapeutas especializados en neurorrehabilitación y fundadores de AENILCE, quienes comenzaron a trabajar con Rocío desde sus primeros meses de vida.

Tuvo la oportunidad de recibir atención temprana en una etapa decisiva para su desarrollo. Aquellas primeras terapias, junto al acompañamiento constante de su familia, marcaron el inicio de una vida que hoy es ejemplo: esfuerzo, confianza y trabajo continuado pueden abrir caminos que, en un principio, parecían muy difíciles de transitar.

Una infancia marcada por el cariño y respaldo de su entorno

Rocío creció en una familia numerosa donde la discapacidad siempre formó parte de la cotidianeidad. Tiene varios hermanos y dos de ellos también conviven con una lesión cerebral. Entre todos ocupa un lugar muy especial Patricia, su hermana gemela, con quien comparte diagnóstico. «Tengo la suerte de que mi hermana gemela tiene la misma discapacidad que yo. Y somos un caso único en España», explica.

Su infancia estuvo marcada por el cariño de su familia y por el apoyo recibido en el colegio Francisco de Quevedo, de Majadahonda, donde encontró un entorno que favoreció su integración. Aunque también hubo momentos difíciles. Durante su etapa educativa sufrió experiencias dolorosas que hoy forman parte de su historia de superación y que han reforzado todavía más su capacidad para seguir adelante.

Creatividad y expresión como bandera

Con el paso de los años, aquella niña se convirtió en una joven inquieta, creativa y con una enorme necesidad de expresarse. Las manualidades ocupan buena parte de su tiempo libre. Diseña collares y pulseras, pinta cuadros y disfruta elaborando regalos personalizados para las personas que quiere porque, como ella misma explica, «me parece que es mejor dedicar tiempo a la persona en vez de comprarlo todo en las tiendas». 

Otra de sus grandes pasiones es la comunicación. Una afición que, según reconoce, nació en casa. «Mi padre, Jose Luis Pimentel, es periodista y ha trabajado muchos años en Televisión Española y yo creo que lo de la comunicación me viene de él». Ese interés le ha llevado a participar en el programa “Bienvenidos”, de Radio Libertad, donde ha encontrado un espacio desde el que compartir experiencias y dar visibilidad a la discapacidad desde una mirada cercana y positiva.

Su inquietud por comunicar también encontró un nuevo cauce en la literatura. En 2025 publicó “La princesa olvidada”, una novela editada por Círculo Rojo en la que aborda una realidad pocas veces contada: el derecho de las personas con discapacidad a enamorarse y construir una vida afectiva plena. «Quiero transmitir que, por qué no, desde una silla de ruedas te puedes enamorar de una persona sin discapacidad», afirma.

Su trayectoria literaria no termina ahí. Acaba de publicar un segundo libro, “Secretos compartidos y otros relatos”, ya a la venta. En esta segunda entrega comparte pensamientos y vivencias personales. Algunos de esos textos nacen de experiencias especialmente difíciles, mientras que otros invitan al lector a descubrir la fortaleza que puede esconderse detrás de las situaciones más complicadas. 

Una historia vital compartida

La historia de Rocío y Fundación AENILCE ha ido pareja, compartiendo incluso una “edad similar”. Lo que comenzó siendo un espacio para su rehabilitación durante la primera infancia se convirtió, con el paso de los años, en un lugar donde seguir creciendo personal y terapéuticamente.

Durante estas cuatro décadas ha trabajado con fisioterapeutas, profesores, psicólogos y distintos profesionales del centro. Entre otras, destaca las sesiones de terapia Vojta, una metodología que recibió desde muy pequeña y que resultó fundamental durante sus primeros años de desarrollo. Con el tiempo, las sesiones fueron adaptándose a sus necesidades, siempre con un objetivo común: potenciar al máximo sus capacidades y favorecer su autonomía.

Hablar de AENILCE es también hablar de las personas que la han acompañado durante toda su vida. Rocío resume ese vínculo con una frase que refleja la confianza construida durante tantos años: «Me conocen como tanto como una radiografía».

Entre sus recuerdos ocupa un lugar muy especial José Luis Rivas. En una época en la que muchos profesionales dudaban de sus posibilidades y las comparaciones con su hermana eran frecuentes, él pidió paciencia a su familia y nunca dejó de confiar en ella. 

«José Luis siempre le decía a mamá: ‘A Rocío hay que darle su tiempo, tranquilos'». 

Aquellas palabras marcaron un antes y un después. Un verano decidió ponerse un reto personal. Quería demostrar, sobre todo a sí misma, que podía seguir avanzando. «Dije: si mi hermana puede, ¿por qué yo no?». Tras semanas de esfuerzo y trabajo constante consiguió gatear. Aquel logro fue fruto de muchas horas de dedicación, del apoyo de su familia y de quienes siempre creyeron en ella.

También guarda en su memoria momentos entrañables junto a David Rivas, actual codirector de AENILCE. Uno de ellos surgió cuando sirvió de modelo durante una formación para futuros fisioterapeutas. Al preguntar cuál era el lado más afectado de su cuerpo, la mayoría de los alumnos se equivocó y señaló el derecho, aunque realmente es el miembro izquierdo el que tiene menos movilidad. Rocío y David intercambiaron entonces una sonrisa cómplice que todavía recuerda con cariño.

Pero, por encima de cualquier anécdota, lo que más valora del equipo es la forma de trabajar con las personas. «No son solo terapeutas, sino que primero hablan contigo, se preocupan por ti personalmente». Una manera de entender la rehabilitación que tiene en cuenta no solo las necesidades físicas, sino también la dimensión emocional de cada persona.

Barreras por derribar

A pesar de todo lo conseguido, Rocío considera que todavía queda mucho camino por recorrer para lograr una sociedad plenamente inclusiva. Su principal reivindicación tiene que ver con la accesibilidad.

«Desde que te levantas hasta que te acuestas es una gran aventura», explica al referirse a las barreras arquitectónicas que siguen dificultando aspectos tan cotidianos como desplazarse, acudir a un concierto o disfrutar de una cena con amigos. Reclama más ascensores, más rampas y más espacios accesibles que permitan a las personas con discapacidad desarrollar una vida social autónoma y participar plenamente en la comunidad.

Hoy, Rocío vive en constante movimiento. Sigue escribiendo, participa en proyectos de comunicación, desarrolla nuevas iniciativas creativas y continúa demostrando que la ilusión no entiende de límites.

Quizá ese sea el mayor logro de Rocío Pimentel: haber convertido cada dificultad en una oportunidad para avanzar. Y hacerlo siempre con la misma sonrisa, sensibilidad y convicción con la que, hace cuarenta años, comenzó una historia que sigue escribiéndose cada día.

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