Aymane Jalib llegó a Madrid procedente de Marruecos con tan solo dos años y es un magnífico ejemplo de cómo la atención temprana puede cambiar la vida de un niño con parálisis cerebral. Los médicos de su país le habían diagnosticado un problema traumatológico y no podía andar. Sus tías, Khadija y Bouchra, residentes en España, se encargaron de que fuera atendido aquí por los mejores especialistas.
Fue entonces cuando la realidad dio la cara: sufría una lesión cerebral de nacimiento que afectaba a sus miembros inferiores y al equilibrio. Tras la primera de muchas operaciones, fue derivado a la Fundación AENILCE, donde, como él mismo recuerda, le pusieron “a punto”.
Cuando cruzó por primera vez la puerta del Centro de Rehabilitación, Aymane no hablaba español y sus terapeutas tampoco conocían el árabe. Aun así, comenzó un proceso de adaptación y aprendizaje que marcaría su futuro.
En Fundación AENILCE inició una terapia que le cambió la vida, y también aprendió un nuevo idioma que hoy habla con perfecta dicción, además de dominar árabe, inglés y francés. Aunque regresó a Marruecos, el tratamiento continuó para no perder los avances logrados.
Dos de sus fisioterapeutas, David y Rocío, viajaron con él a Marrakech para garantizar la continuidad terapéutica. Allí encontraron una familia completamente implicada, dispuesta a aprender y acompañar cada paso de su rehabilitación.
Durante los años siguientes se sucedieron nuevas intervenciones y estancias en España. AENILCE y nuestro país se convirtieron en un refugio y un puente de esperanza frente a las dificultades de crecer con discapacidad.
Hoy, Aymane tiene 20 años, se desplaza de forma autónoma y vive de manera independiente en Madrid. Se prepara para acceder a la universidad y ha regresado a AENILCE para apoyar a otros niños que comienzan su camino.
Su historia es la de una vida marcada por la superación, la constancia y la oportunidad. Un ejemplo de cómo la atención temprana, el acompañamiento familiar y el trabajo profesional pueden transformar realidades.
